Chip Honcho, uno de los aspirantes a la 151ª edición del Preakness Stakes (G1), completó su preparación principal la mañana del 10 de mayo en Churchill Downs con un trabajo de media milla en 50.20 segundos. El movimiento, típico del programa de puesta a punto del preparador Steve Asmussen, fue ejecutado por el jinete de ejercicios Luiyi Ortiz y sirvió como último toque antes del viaje a Maryland previsto para el lunes siguiente.
Último ensayo y el plan Asmussen
El trabajo más exigente de Chip Honcho había ocurrido justo ocho días antes: en la misma mañana del Kentucky Derby (G1), el 2 de mayo, el potro cubrió cinco furlongs en 1:00.00 sobre la misma superficie de Churchill Downs. Aquella sesión fue la que dejó al hijo del stallion Connect —un descendiente directo del gran Curlin— en la condición física buscada por Asmussen para afrontar el segundo jewel de la Triple Corona.
“Creo que estamos en un muy buen lugar con él ahora mismo”, declaró Asmussen tras el trabajo final. “Queremos llevarlo a Laurel en la misma forma en la que está aquí y esperar un buen sorteo para él”. El entrenador, que ostenta el récord absoluto de victorias en la hípica estadounidense con más de 11.221 triunfos, sabe de lo que habla: ya conquistó el Preakness con Curlin en 2007 y con la fenomenal Rachel Alexandra en 2009. “Estoy ansioso porque creo que tenemos una oportunidad muy buena. Para este caballo, realmente quiero evitar un partidor externo”, añadió.
La preocupación por el sorteo tiene fundamentos sólidos. Chip Honcho ha mostrado dos caras bien distintas según el cajón que le tocó en suerte. Cuando partió de los puestos 1 y 2 —en su victoria debut en Churchill Downs y en el Gun Runner Stakes en Fair Grounds— logró imponerse con autoridad. En cambio, con números altos sufrió para encontrar una buena colocación.
Un camino con altibajos
La campaña de Chip Honcho rumbo al Preakness arrancó con una nota alta. Debutó ganando un maiden en Churchill Downs bajo la conducción de Jose Ortiz y cerró su temporada de dos años con otra victoria en el Gun Runner Stakes, ya en distancia de dos curvas y con el riel como aliado. Allí dio muestras de velocidad y de saber manejar la presión desde la punta.
El 2025 trajo su primera prueba de fuego en el Lecomte Stakes (G3) del 17 de enero en Fair Grounds. El sorteo le asignó el puesto 10, el más externo, y la largada no fue la mejor: Chip Honcho dio un paso lento y se vio forzado a correr por fuera en la primera curva, cinco cuerpos abierto. Terminó cuarto, detrás de Golden Tempo, quien semanas después se coronaría en el Kentucky Derby. La derrota dejó sabor a poco, pero el equipo confiaba en que, con una mejor ubicación, el potro podía mostrar su verdadero nivel.
Esa confirmación llegó el 14 de febrero en el Risen Star Stakes (G2). Con el partidor 5 y una partida limpia, Chip Honcho salió a comandar el lote, impuso un ritmo controlado y se mantuvo al frente hasta los tramos finales. Solo Paladin, un potro bien conceptuado que luego quedaría fuera de circulación por lesión, pudo pasarlo en los metros decisivos por medio cuerpo. Golden Tempo quedó claramente detrás en tercer lugar. Aquella actuación encendió las expectativas y situó a Chip Honcho como firme candidato para las grandes citas de la primavera.
Sin embargo, la progresión se truncó en el Louisiana Derby (G2) del 21 de marzo. El potro nunca encontró su ritmo y arribó en un lejano quinto lugar, una actuación sin atenuantes que obligó a replantear el plan. Asmussen, en consulta con los propietarios, decidió descartar el Kentucky Derby y apuntar directamente al Preakness. La decisión, aunque dolorosa, fue pragmática: darle al caballo más tiempo y un escenario potencialmente más favorable.
El dato de Laurel Park y la experiencia de Asmussen
Aunque Asmussen es el entrenador con más salidas en la historia de la hípica (más de 56.000), su presencia en Laurel Park ha sido escasa. Una de las pocas excepciones fue el sprinter Jaxon Traveler, un millonario criado en Maryland que corrió allí por última vez en 2022. “Ver cómo se han ido dando las carreras y los tiempos, sin conocer bien a los caballos que las están ganando, es una variable nueva”, admitió. “Pero creo que estamos llevando un grupo de caballos sólido que encaja muy bien en las carreras de grado para las que están anotados”.
La pista de Laurel tiene una configuración peculiar. Su óvalo principal mide 1⅛ millas menos 14 pies (es decir, apenas por debajo de esa distancia), y cuenta con dos líneas de llegada. La recta desde la última curva hasta la meta principal es la más larga de Estados Unidos, con 1.419 pies. Sin embargo, para que la distancia del Preakness —1 3/16 millas— se ajuste al trazado, la carrera termina en la primera meta, lo que recorta la recta final a 1.089 pies.
Ese detalle no es menor para un caballo como Chip Honcho, que rinde mejor cuando logra imponer su ritmo desde temprano. “En Fair Grounds también hay dos metas”, recordó Asmussen con una sonrisa. “Si hubiéramos usado la primera en el Risen Star, quizás habríamos ganado. O quizás los jockeys habrían empezado a pedalear antes”. La anécdota refleja una verdad táctica: en una recta más corta, mantener la delantera se convierte en una ventaja aún mayor.
El jinete y la estrategia
La monta para el Preakness recayó en Jose Ortiz, el mismo jinete que condujo a Chip Honcho en su victoria en el maiden. Ortiz, ganador del Kentucky Derby con otro ejemplar, conoce al potro desde sus inicios y ha sabido interpretar su estilo agresivo. La química entre ambos será crucial, especialmente si el sorteo otorga un número bajo que permita a Chip Honcho correr cerca de la baranda y evitar los tropiezos de carreras anteriores.
El historial con partidores internos respalda la esperanza del equipo: con el 2 ganó en Churchill Downs; con el 1 se impuso en el Gun Runner. Con el 10 en el Lecomte naufragó, y aunque en el Risen Star partió del 5 y lo hizo bien, el escenario ideal pasa por un cajón del 1 al 4. El propio Asmussen fue claro: “Quiero evitar un partidor externo”. La frase resume la estrategia: una carrera desde adentro, en la que el potro pueda emplear su velocidad natural sin desgastarse en los primeros metros.
Con el viaje programado y las credenciales sobre la mesa, Chip Honcho se perfila como uno de los nombres a seguir en el Preakness. Su campaña en Fair Grounds dejó claro que posee talento para codearse con los mejores; la incógnita es si podrá plasmar esa capacidad en el exigente escenario de Laurel Park. La respuesta llegará el sábado 17 de mayo, cuando se dispute la 151ª edición de la clásica prueba, y con ella, la oportunidad de que Steve Asmussen sume su tercer trofeo en la segunda joya de la Triple Corona.
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